Hablar del futuro del Paraguay implica preguntarnos qué oportunidades ofrecemos a los jóvenes para aprender a tomar decisiones. Esa preparación puede comenzar en la escuela, cuando un grupo asume un proyecto, organiza sus recursos y explica por qué eligió una solución. Con orientación docente, estas experiencias permiten trabajar los contenidos escolares en situaciones que tienen sentido para los estudiantes.
Defiendo una educación emprendedora que dé espacio a esa participación. Su propósito puede abarcar distintos caminos: desarrollar una profesión, iniciar un negocio o colaborar con una organización de la comunidad. En cualquiera de ellos, será necesario evaluar opciones y asumir responsabilidades.
En Paraguay ya existen iniciativas que acercan esta conversación a los estudiantes. El Foro de Emprendedores de Colegios 2026, organizado por el Ministerio de Industria y Comercio junto con el Colegio Inmaculado Corazón de María, reunió a jóvenes de Asunción y de otros puntos del país mediante actividades presenciales y virtuales. Su programación incluyó emprendimiento e inteligencia artificial.
A mi juicio, encuentros de este tipo pueden complementarse con proyectos sostenidos durante el año escolar. Los docentes pueden ayudar a convertir una inquietud en una pregunta de investigación y acompañar a los alumnos mientras buscan cómo responderla.
Aprender con un problema cercano
Una escuela podría proponer a sus estudiantes un proyecto para mejorar el cuidado de una huerta. Antes de comprar materiales, el grupo tendría que observar el terreno, conversar con quienes lo utilizan y decidir qué necesita resolver. Después podría elaborar un presupuesto, distribuir las tareas y establecer un calendario.
Las matemáticas servirían para calcular cantidades y comparar costos. Las ciencias ayudarían a comprender las necesidades de las plantas y las características del suelo. La lectura y la escritura estarían presentes en la búsqueda de información, el registro de las observaciones y la explicación de los resultados.
Si la institución dispone de recursos de robótica, el proyecto podría incluir un dispositivo para medir la humedad del suelo. Una lectura inesperada permitiría revisar las conexiones, comprobar la programación o repetir la medición. El docente acompañaría ese proceso para que los estudiantes comprendieran y pudieran explicar los cambios realizados.
También habría espacio para la educación financiera. Con un presupuesto definido, el grupo debería justificar qué materiales son necesarios y qué compras pueden esperar. Si una propuesta resulta demasiado costosa, correspondería revisar el plan y comparar alternativas.
La evaluación tendría que considerar ese recorrido. Detectar un error a tiempo, comunicar una dificultad o modificar una decisión a partir de una observación son acciones que permiten al profesor conocer cómo está aprendiendo cada estudiante.
El trabajo docente necesita respaldo
Para desarrollar estas actividades, los profesores necesitan tiempo de planificación, formación y materiales adecuados. La dirección escolar debe ayudar a organizar el trabajo y prever cómo se relacionará con las distintas asignaturas. Un proyecto resulta más viable cuando se conocen sus objetivos, los recursos disponibles y las responsabilidades de quienes participan.
La elección de la tecnología debe responder a esos objetivos. En una actividad con inteligencia artificial, por ejemplo, el docente puede pedir que los estudiantes verifiquen la información obtenida, la comparen con otras fuentes y expliquen sus conclusiones con palabras propias. Así puede observar cómo investigaron y qué comprendieron.
Las condiciones de participación también deben estar previstas. Si una tarea exige conectividad fuera de la escuela o la compra de materiales por parte de las familias, es necesario resolver cómo accederán a esos recursos los estudiantes que los necesiten.
En el contexto paraguayo, la planificación puede contemplar el español y el guaraní, según la realidad de cada comunidad y los objetivos de la actividad. Dar espacio a los conocimientos y a las formas de expresión de las familias puede enriquecer la elección del problema que se trabajará.
Una propuesta para las escuelas y sus comunidades
Considero que cada institución podría incorporar o fortalecer un proyecto interdisciplinario en su planificación anual, adaptado a la edad de los estudiantes y a sus posibilidades. El punto de partida sería elegir una necesidad cercana y definir qué contenidos se aprenderán al trabajar sobre ella.
Cuando resulte útil, una cooperativa, un comercio o una organización comunitaria podrían compartir una experiencia o plantear una dificultad para que los alumnos la estudien. La escuela tendría que establecer el alcance de esa participación y mantener los objetivos pedagógicos del proyecto.
La educación emprendedora también debe respetar los intereses de cada joven. Algunos querrán crear una empresa; otros elegirán diferentes actividades profesionales. Todos deberían tener oportunidades para conocer sus capacidades, recibir orientación y participar en experiencias donde puedan asumir responsabilidades de manera gradual.
Para poner esta propuesta en práctica, la dirección y los docentes podrían acordar un problema que trabajar durante el año, reservar tiempo para preparar las actividades y definir cómo participará cada estudiante. Al finalizar, el grupo presentaría sus decisiones y resultados a la comunidad escolar. Esa revisión permitiría reconocer lo aprendido y dejar por escrito qué convendría cambiar en el siguiente proyecto.
Jailson Ferreira da Silva es un empresario brasileño vinculado a la educación, la tecnología y la innovación. Más información en jailsonferreiradasilva.com.br.
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